EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO XI  - VERSÍCULOS 1 - 14

"Después me entregaron una caña como una vara de medir, diciéndome: ‘Ven a medir el Templo de Dios y el altar, y haz el censo de los que allí adoran. No te preocupes en medir el patio exterior, porque fue entregado a los paganos, los cuales pisotearán la Ciudad Santa durante cuarenta y dos meses. Mientras tanto, encargaré mi palabra a mis dos testigos, que la proclamarán durante mil doscientos sesenta días, vestidos con ropa de luto. Estos son dos olivos y las dos antorchas que permanecen ante el Señor del mundo. Si alguien intenta maltratarlos, un fuego saldrá de sus bocas que devorará a sus enemigos; sí, así perecerá el que intente maltratarlos. Tienen el poder de cerrar el cielo para que no caiga lluvia mientras dure el tiempo de su misión profética; tienen también el poder de cambiar las aguas en sangre y de castigar la tierra con mil plagas cada vez que quieran. Pero, cuando mis testigos hayan concluido su misión, la bestia que sube del abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará. Sus cadáveres quedarán tendidos en la plaza de la ciudad grande, que los creyentes llaman Sodoma o Egipto, en la que también el Señor de ellos fue crucificado. Y sus cadáveres quedarán expuestos a las miradas de los hombres de todos los pueblos, razas, lenguas y naciones durante tres días y medio y no dejarán que los sepulten. Los habitantes de la tierra se alegrarán y felicitarán por ello y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas eran un tormento para ellos. Pero, pasados esos tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos; estaban de pie, lo que provocó gran espanto entre los mirones. Entonces una voz poderosa les gritó desde el cielo: Suban. Subieron, pues en la nube al cielo, en presencia de sus enemigos. En ese momento se produjo un violento terremoto y se derrumbó la décima parte de la ciudad, pereciendo en el cataclismo siete mil personas. Los demás, sobrecogidos de espanto, reconocieron al Dios del cielo’. El segundo ay ya pasó. El tercero llega pronto”

El magisterio y la tradición de la Iglesia Católica explican gran parte del anterior pasaje apocalíptico. Es necesario recurrir a esta antigua exégesis para dar sentido al texto más confuso de la profecía de San Juan. Así, como la visión completa de los reyes del norte y del sur del libro de Daniel solo puede ser interpretada por historiadores y teólogos consumados, así también, existen fragmentos en la profecía de los dos testigos del Apocalipsis que, solamente, Dios conoce su significado.

Desde el ascenso de Nuestro Señor Jesucristo a los Cielos hasta nuestros días, los apóstoles fieles a Cristo siempre han entregado solemne testimonio del evangelio en medio de los hombres de este mundo. En los primeros siglos, y hasta la llegada del emperador Constantino, la antigua comunidad cristiana fue probada y medida en su fe. Ellos entregaron a la humanidad el mayor testimonio que persona alguna puede dar. Ellos entregaron su propia vida por el evangelio. Así, como el templo de Dios es llamado, comúnmente, iglesia, la iglesia fiel a Cristo es identificada como el “Templo de Dios” en el pasaje que se anexa a continuación:

“Después me entregaron una caña como una vara de medir, diciéndome: ‘Ven a medir el Templo de Dios y el altar, y haz el censo de los que allí adoran. No te preocupes en medir el patio exterior, porque fue entregado a los paganos, los cuales pisotearán la Ciudad Santa durante cuarenta y dos meses”

Hacia el año 66 de nuestra era estalló una gran revuelta militar judía en Israel, la cual fue, rápidamente, aplastada por el potente ejército romano. Esta revuelta trajo consigo la destrucción de Jerusalén y de su magnífico templo, del cual solo quedó en pie el actual muro de los lamentos. Los romanos asesinaron un enorme número de judíos en todo Israel. La masacre fue tan terrible, que el historiador Josefo no dudó en escribir sobre el suicidio colectivo de los zelotes judíos en la antigua fortaleza de Masada hacia el año 73 d.C. Es a esta masacre, y a esta terrible ocupación romana, a la cual se refiere el autor del Apocalipsis, cuando escribe:

“No te preocupes en medir el patio exterior, porque fue entregado a los paganos, los cuales pisotearán la Ciudad Santa durante cuarenta y dos meses

Los periodos de tiempo relacionados a continuación son equivalentes: “tres años y medio”, “cuarenta y dos meses”, “mil doscientos sesenta días”. Estas expresiones son utilizadas en los libros de Daniel y Apocalipsis para anunciar un tiempo de persecución contra el pueblo de Dios por parte del poder político-militar. Como ya se ha dicho, el número siete representa totalidad, plenitud. Cuando se refiere a Dios, el número siete representa perfección. Por tanto, la mitad de siete, es decir tres y medio, representa un tiempo dominado por la maldad del diabólico poder perseguidor. En la antigüedad, el imperio romano era el encargado de aniquilar a la primitiva comunidad cristiana. Hoy en día, satanás cuenta con nuevos y poderosos aliados, como: El comunismo, el islam, la masonería y los actuales y escandalosos medios de comunicación social.

El número dos representa el testimonio cristiano. Cristo mismo instituyó esta tradición enviando a sus discípulos de dos en dos para anunciar la buena nueva. Solamente, Dios puede presentar, tan bellamente, a sus servidores, como está escrito:

“Mientras tanto, encargaré mi palabra a mis dos testigos, que la proclamarán durante mil doscientos sesenta días, vestidos con ropa de luto. Estos son dos olivos y las dos antorchas que permanecen ante el Señor del mundo. Si alguien intenta maltratarlos, un fuego saldrá de sus bocas que devorará a sus enemigos; sí, así perecerá el que intente maltratarlos. Tienen el poder de cerrar el cielo para que no caiga lluvia mientras dure el tiempo de su misión profética; tienen también el poder de cambiar las aguas en sangre y de castigar la tierra con mil plagas cada vez que quieran”

El párrafo precedente es un lindísimo homenaje que se rinde a los mártires cristianos de todos los tiempos. Este pasaje está, especialmente, dedicado a los dos grandes pilares de la Iglesia: San Pedro y San Pablo. San Pedro apóstol, primer Papa; San Pablo, apóstol de los gentiles.

La expresión “vestidos con ropa de luto” nos recuerda la importancia de la penitencia y la vida austera como común denominador de todos los testigos Cristo. Estas características son muy agradables a Dios. Para Dios, cada apóstol es un árbol de olivo que da frutos para la vida eterna. Para Cristo, cada apóstol del evangelio es una antorcha que brilla en medio de la oscuridad de un mundo que se olvidó de Dios. Por eso, está escrito:

“Estos son dos olivos y las dos antorchas que permanecen ante el Señor del mundo”

El autor del Apocalipsis identifica a los testigos de Cristo con las características propias de Moisés y Elías. El profeta Elías hizo bajar fuego de lo alto y cerró el cielo para que no cayera ni lluvia, ni rocío, según se narra en el Primer Libro de los Reyes. San Juan realiza una impresionante alegoría de este gran profeta, cuando escribe:

“Si alguien intenta maltratarlos, un fuego saldrá de sus bocas que devorará a sus enemigos; sí, así perecerá el que intente maltratarlos. Tienen el poder de cerrar el cielo para que no caiga lluvia mientras dure el tiempo de su misión profética”

El texto "un fuego saldrá de sus bocas que devorará a sus enemigos; sí, así perecerá el que intente maltratarlos" guarda un profundo significado teológico. Todo tirano que persigue a la Iglesia, fundada por Cristo Jesús, es una bestia. La bestia y el falso profeta serán invitados de honor en el lago de fuego y azufre, preparado para el diablo y sus ángeles. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. La bestia y el falso profeta serán condenados por no haber guardado la santa palabra de Dios que les fue anunciada por los profetas y los mensajeros de Dios. Jesucristo es la palabra de Dios. La palabra de Dios es útil tanto para salvar como para condenar, porque todos seremos juzgados por la palabra y de acuerdo a la palabra. Aquel que no cumple con la palabra de Dios es condenado a la muerte que no conoce ocaso: La muerte eterna. La muerte eterna es el lago de fuego y azufre, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.  Así es, porque así está escrito:

“Al que escucha mi palabra pero no la obedece, no seré yo quien lo condene, porque yo no he venido a condenar al mundo sino a salvarlo. El que me desprecia y no hace caso de mi Palabra, tiene quien lo juzgue y condene: Será mi propia palabra; ella lo juzgará el último día”
Apocalipsis 19, 20 - 21

 "Pero la bestia fue capturada y también el falso profeta. Este es el que hacía maravillas al servicio de la bestia, con las cuales engañaba a los que recibieron la marca de la bestia y a los que adoraron su estatua. Los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego de azufre ardiente. Todos los demás fueron exterminados por la espada que sale de la boca del que monta el caballo, y todas las aves se pudieron hartar con sus carnes"
Apocalipsis 19, 20 - 21

“Si alguien intenta maltratarlos, un fuego saldrá de sus bocas que devorará a sus enemigos; sí, así perecerá el que intente maltratarlos"

Moisés, el enviado de Dios para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud, fue instrumento de Yahvé para hacer caer sobre Egipto diez terribles plagas. Precisamente, la primera plaga que se narra en el libro del Éxodo tiene que ver con la conversión de las aguas del río Nilo en sangre. La dignidad de los servidores de Cristo no es inferior a la dignidad propia de Moisés, como está escrito:

“tienen también el poder de cambiar las aguas en sangre y de castigar la tierra con mil plagas cada vez que quieran”

La anterior expresión apocalíptica indica, igualmente, que Cristo concede a sus testigos obrar milagros. Todos los santos, que han sido canonizados en la Iglesia, han sido intermediarios ante Dios para la realización de grandes milagros a través de toda la historia de la humanidad.

Para el Todo Poderoso, el testimonio cristiano es vital para la salvación de las almas. Dios, en su infinito amor, siempre protegerá el apostolado de sus fieles servidores. Los testigos de Cristo no conocieron, ni conocerán, el martirio hasta haber dado término a su ministerio apostólico. La Iglesia Católica está colmada de santos mártires que ofrecieron su propia vida como testimonio del evangelio. Pedro y Pablo son sacrificados en Roma durante el reinado de Nerón. Santiago y Esteban son asesinados por los mismos judíos. San Juan simboliza el diabólico poder perseguidor romano mediante “la bestia que sube del abismo“, tal como está escrito:

“Pero, cuando mis testigos hayan concluido su misión, la bestia que sube del abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará”

Nuestro Señor Jesucristo anunció la suerte que correrían sus testigos a manos de los enemigos de Dios. Desafortunadamente, son incontables los mártires cristianos de todos los tiempos que han entregado su vida por el evangelio. Oremos para que toda persecución presente y futura, realizada en contra de la Iglesia, llegue a su fin.

El siguiente fragmento hace referencia directa a Roma y a Jerusalén. Ambas ciudades eran epicentro de persecuciones contra la primitiva comunidad cristiana. Roma era la capital del paganismo y la idolatría. Para los antiguos romanos no había una clara distinción moral entre ser heterosexual u homosexual. En este último aspecto, existía una clara similitud entre Roma y la antigua ciudad de Sodoma, mencionada en el libro del Génesis. Roma era, también, la capital del imperio reinante. El pueblo judío, al igual que en tiempos de Moisés, padecía el sometimiento militar a una potencia extranjera: El antiguo y poderoso imperio romano. En tiempos de Moisés, Egipto era el poder dominante. Nuestro Señor Jesucristo fue crucificado en la ciudad de Jerusalén en una época, en la cual, Jerusalén pertenecía al imperio romano.  Así, no resulta imposible entender la expresión:

“Sus cadáveres quedarán tendidos en la plaza de la ciudad grande, que los creyentes llaman Sodoma o Egipto, en la que también el Señor de ellos fue crucificado”

Sin duda, el pasaje más enigmático de la profecía de San Juan es aquel que se presenta a continuación:

“Y sus cadáveres quedarán expuestos a las miradas de los hombres de todos los pueblos, razas, lenguas y naciones durante tres días y medio y no dejarán que los sepulten. Los habitantes de la tierra se alegrarán y felicitarán por ello y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas eran un tormento para ellos. Pero, pasados esos tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos; estaban de pie, lo que provocó gran espanto entre los mirones. Entonces una voz poderosa les gritó desde el cielo: Suban. Subieron, pues en la nube al cielo, en presencia de sus enemigos”

El texto precedente encierra un enorme misterio, difícil de descifrar. Hay escritos que sólo Dios entiende y sólo Él puede revelarlos a sus más fieles testigos. El pasaje apocalíptico previo puede prestarse para múltiples interpretaciones posibles. La exégesis que se presenta a continuación no es, necesariamente, la más exacta. Sin embargo, guarda estrecha relación con las sagradas escrituras. Nadie puede predecir el futuro. Solo Dios ha visto lo que le espera a la humanidad. Solo Dios sabe en que forma se cumplirá lo que está escrito:

“Y sus cadáveres quedarán expuestos a las miradas de los hombres de todos los pueblos, razas, lenguas y naciones durante tres días y medio y no dejarán que los sepulten

Desgraciadamente, el pasaje anterior presenta una enorme similitud con algunos escritos del antiguo testamento. Estos pasajes bíblicos se anexan continuación:

“Y añade Yahvé: La catástrofe se extiende de nación en nación, y una tempestad inmensa estalla desde los confines de la tierra. Y las víctimas de Yahvé se extenderán de uno al otro extremo de la tierra, y no serán lloradas ni recogidas ni enterradas, sino que quedarán tiradas por el suelo como guano”
Jeremías 25, 32 - 33

“Mira como Yahvé está enojado con todas las naciones y no quiere saber nada con todos sus ejércitos. Los ha condenado a la destrucción, los ha entregado a la matanza. Los muertos están tirados por las calles, y se siente la fetidez de sus cadáveres
Isaías 34, 2 - 3

“Por eso Yahvé se enojó mucho con su pueblo y levantó su mano para pegarle; los cerros se estremecieron y los cadáveres quedaron tirados como basura en las calles. Pero no se le pasó el enojo, pues siguió con su mano levantada”
Isaías 5, 25

“Ustedes sabrán que yo soy Yahvé cuando sus cadáveres estén allí en medio de los ídolos, alrededor de sus altares, en cada loma elevada, en la cumbre de todos los cerros, bajo todo árbol verde, bajo toda encina frondosa, dondequiera que hayan quemado incienso a sus ídolos”
Ezequiel 6, 13

Los fragmentos anteriores nos hablan de la violencia propia del futuro Día de la Ira del Señor. El Día de la Cólera de Yahvé dejará montañas de cadáveres por doquier y no habrá quien los entierre. El Día de la Ira de Dios está explicado, detalladamente, en el link correspondiente a Las Profecias del Fin del Mundo.

En el profetismo bíblico es muy común que se mencione en el mismo texto dos acontecimientos similares, aunque sean diferentes entre sí. En este tipo de literatura, normalmente, el primer acontecimiento es una figura del segundo, lo cual significa que ambos eventos están íntimamente relacionados. Un ejemplo lo encontramos en el capítulo 24 del evangelio de San Mateo, donde se profetiza sobre el fin del mundo sin dejar de anunciar la destrucción de Jerusalén hacia el año 70 d.C. Posiblemente, este es el caso de la profecía correspondiente a los dos testigos del Apocalipsis. Aunque la fecha del Día de la Ira del Señor sea diferente con respecto a la fecha del juicio final, no es extraordinario que San Juan haya hecho referencia a estos dos grandes acontecimientos en un mismo texto, como se leyó y se leerá a continuación.

Una vez la figura de este mundo haya pasado, los libros serán abiertos. Cada uno será juzgado de acuerdo a sus obras. Unos clamarán de alegría porque el día de su premio ha llegado. Otros gritarán aterrorizados al conocer la sentencia decretada a los infieles. A los ricos y tiranos; aquellos opresores que persiguieron al débil, al pobre, al inocente; se les pasará factura de todos sus crímenes e indiferencia. Ellos temblarán de miedo y desconsuelo porque sus malas acciones serán el preludio de su muerte eterna. Ellos verán, con gran asombro, subir al Cielo aquellos que nunca fueron tenidos en cuenta. Los malos maldecirán su inútil existencia terrenal, en la cual recogerán lo que sembraron: Maldad, muerte e iniquidad. Así será, porque así está escrito:

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran jefe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de angustia, como nunca lo hubo desde que existieron las naciones hasta el día de hoy. Entonces serán salvados todos aquellos que estén inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en la región del polvo se despertarán, unos para la vida eternaotros para el horror y la vergüenza eterna. Los guías espirituales brillarán como el resplandor del firmamento; los que educaron al pueblo para que fuera justo brillarán como las estrellas por toda la eternidad”
Daniel 12, 1 - 3

“Cuando se haga cuenta de sus pecados, se presentarán acobardados; sus crímenes se alzarán contra ellos para acusarlos”
Sabiduría 4, 20

“Entonces el justo se presentará sin miedo, de pie frente a los que lo hicieron sufrir y se burlaron de sus penas. Al verlo, comenzarán a temblar de tanto miedo, asombrados por su salvación inesperada; y dirán arrepentidos, lamentándose con espíritu afligido: Este es aquel del que nos burlábamos, al que insultábamos con nuestras ironías; su vida nos parecía una tontería y su muerte una humillación. ¿Cómo puede ahora estar entre los hijos de Dios? ¿Cómo ha llegado a tener parte en la recompensa de los santos? Es cierto que perdimos el camino de la verdad, el espíritu de justicia no fue nuestra luz, el sol verdadero no nos iluminó; seguimos hasta aburrirnos las sendas de la injusticia, anduvimos por desiertos donde no hay caminos, pero no fuimos capaces de conocer el camino del Señor. ¿De qué nos sirvió nuestro orgullo? ¿Qué provecho sacamos de tanta riqueza y vanidad?“
Sabiduría 5, 1 - 5

Los pasajes bíblicos anteriores corresponden a una exégesis muy cercana al texto apocalíptico que se presenta a continuación:

“Pero, pasados esos tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos; estaban de pie, lo que provocó gran espanto entre los mirones. Entonces una voz poderosa les gritó desde el cielo: Suban. Subieron, pues en la nube al cielo, en presencia de sus enemigos”

Poco antes del advenimiento del fin del mundo y el juicio final, la humanidad verá el ascenso al poder del último anticristo. Este anticristo será el peor que haya existido desde la aparición del hombre sobre la Tierra. El anticristo engañará a muchos, haciéndose pasar por el Mesías. Muchos creerán en él. Muchos lo adorarán como Dios. Serán servidores del anticristo: Todos aquellos cuyos nombres no se hallen escritos en el libro de la vida del Cordero. La persecución contra la Iglesia será espantosa. Como en el antiguo imperio romano, muchos mártires sacrificarán su vida por el evangelio. La expresión “pasados esos tres días y medio” describe, perfectamente, el futuro martirio de la Iglesia de Cristo durante esta horrorosa persecución. En el link correspondiente a Las Profecías del Fin del Mundo se entregan más detalles sobre el último anticristo.

La civilización moderna ha perdido el respeto por la vida. Hoy en día se habla del aborto como un derecho que tiene la mujer de hacer lo que quiera con su cuerpo. La eutanasia ha pasado a convertirse en un permiso para matar en muchos de los “países más civilizados” del planeta. El mundo contemporáneo se niega a reconocer la gran diferencia existente entre lo bueno y lo malo. Ojalá, recuperemos el sentido del pecado. Ojalá, no compartamos el cinismo propio de personajes como: Pilato y Herodes, los cuales se hicieron amigos como consecuencia de la injusticia y la violencia. Pocos textos bíblicos nos recuerdan tan, profundamente, el actual y el antiguo desprecio por la vida humana, como aquellos que aparecen a continuación:

“Herodes con sus guardias lo trató con desprecio. Le puso por burla un manto blanco y lo envió de vuelta a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, de enemigos que eran, se quedaron amigos”
San Lucas 23, 11 - 12

“En verdad les digo: ustedes llorarán y se llenarán de pena mientras que el mundo gozará. Ustedes estarán apenados, pero esa tristeza se convertirá en alegría”
San Juan 16, 20

“Los habitantes de la tierra se alegrarán y felicitarán por ello y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas eran un tormento para ellos”

El Día de la Cólera de Yahvé aparece anunciado en muchos textos del antiguo y nuevo testamento. Algunos ejemplos de esta terrible profecía son los siguientes:

“Sólo Yahvé será exaltado aquel día, y todos los ídolos desaparecerán; mientras ellos se meterán entre las rocas, en los huecos de la tierra, para no ver la cara de Yahvé que da miedo o que brilla majestuosa, cuando él aparezca para hacer temblar la tierra”
Isaías 2, 17 - 19

“Caminas muy molesto por la tierra, con ira pisoteas las naciones. Has salido en socorro de tu pueblo, a salvar a tu ungido. Has demolido la casa del impío y arrasado sus cimientos hasta el fondo”
Habacuq 3, 12 - 13

“La tierra ha sido profanada por los pies de sus habitantes, que pasaron por alto las leyes, violaron los mandamientos y no cumplieron el contrato eterno. Por eso, una maldición ha devorado la tierra por culpa de sus habitantes; por eso se han ido muriendo y solo quedan unos pocos
Isaías 24, 5 - 6

“Hasta que las ciudades queden destruidas y sin habitantes, las casas desocupadas y la tierra abandonada; hasta que Yahvé haya expulsado a los hombres y la soledad en el país sea grande. Y si quedara solamente la décima parte, también habría de ser entregada al fuego. Pero después de cortado el árbol, quedarán las raíces; de ellas brotará una raza santa”
Isaías 6, 12 - 13

“En ese momento se produjo un violento terremoto y se derrumbó la décima parte de la ciudad, pereciendo en el cataclismo siete mil personas. Los demás, sobrecogidos de espanto, reconocieron al Dios del cielo. El segundo ay ya pasó. El tercero llega pronto”

Sobre el anterior pasaje apocalíptico, el versículo 14 del capítulo 11 del libro del Apocalipsis nos aclara, perfectamente, que no se trata del fin del mundo porque está escrito “El segundo ay ya pasó. El tercero llega pronto”. El número diez, en las sagradas escrituras, nos recuerda, inevitablemente, los diez mandamientos de la ley de Dios. El inverso de diez corresponde a la décima parte. De esta manera, “la décima parte” designa el pecado como comportamiento contrario a la santa voluntad de Dios, la cual está manifestada en los diez mandamientos. Cuando San Juan escribe “En ese momento se produjo un violento terremoto y se derrumbó la décima parte de la ciudad” se refiere al desmoronamiento de todas las edificaciones del mundo a causa de un temblor universal, sin precedentes en la historia de la humanidad. La expresión “se derrumbó la décima parte de la ciudad” significa que el Día de la Ira del Señor llegará en un tiempo de total anti-testimonio político y social. Esto quiere decir que: El mundo estará, completamente, sumergido en el pecado y la guerra en el momento que se desate la Cólera de Dios. La muerte universal de todos los infieles a Cristo está, claramente, mencionada en el fragmento “pereciendo en el cataclismo siete mil personas”. Después del terrible holocausto, la luz del sol volverá a salir, los hombres y mujeres que sobrevivan se convertirán al evangelio. Dios volverá a reinar en el corazón de una humanidad arrepentida y penitente. Por eso, el autor del Apocalipsis escribe:

“Los demás, sobrecogidos de espanto, reconocieron al Dios del cielo

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno permite la conversión de los pecadores de este mundo. Oremos por todos los presbíteros para que siempre puedan entregar un sincero y fiel testimonio cristiano a los católicos del mundo entero. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÓLOGO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

CAPÍTULO I - Versículos Uno al Tres: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO I - Versículos Cuatro al Ocho: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

CAPÍTULO I - Versículos Nueve al Once: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

CAPÍTULO I - Versículos Doce al Veinte: VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

CAPÍTULO II - Versículos Uno al Siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

CAPÍTULO II - Versículos Ocho al Once: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

CAPÍTULO II - Versículos Doce al Diez y siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

CAPÍTULO II - Versículos Diez y ocho al Veinte y nueve: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

CAPÍTULO III - Versículos Uno al Seis: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

CAPÍTULO III - Versículos Siete al Trece: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

CAPÍTULO III - Versículos Catorce al Veinte y dos: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

CAPÍTULO VI - Versículos Uno al Ocho: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO VI - Versículos Nueve al Once: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

CAPÍTULO VI - Versículos Doce al Diez y siete: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

CAPÍTULO XI - Versículos Uno al Catorce: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XI - Versículos Quince al Diez y nueve: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

CAPÍTULO XIV: LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL EN EL MONTE SIÓN

CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO